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Huachicolazo

enero 10, 20191890Views
columnista angel isidro

 

Por Miguel Ángel Isidro

En un acto sin precedentes, el 26 de mayo de 2009, y por iniciativa del entonces Presidente de la República Felipe Calderón Hinojosa, elementos del Ejército y de la Policía Federal Preventiva realizaron una incursión masiva en el estado de Michoacán.  El objetivo: desarticular una presunta red de funcionarios de distintos niveles de gobierno involucrados con el narcotráfico y la delincuencia organizada.

Como resultado de ese episodio,  bautizado en los medios periodísticos como “el Michoacanazo”, fueron detenidos 11 alcaldes, 16 funcionarios del gobierno estatal y un juez de distrito, todos ellos señalados como presuntos cómplices y protectores de la delincuencia organizada en aquella entidad.

La contundente acción federal generó reacciones encontradas, y fue intensamente promocionada por el aparato propagandístico de la Presidencia como un golpe de autoridad de Calderón Hinojosa para retomar la legalidad, ni más ni menos, que en su entidad natal.

Sin embargo, con el paso del tiempo y tras una serie de tropezones jurídicos, a poco menos dos años del operativo, la totalidad de los funcionarios y servidores públicos implicados alcanzaron su libertad en tiempos y procesos separados. La situación de la violencia criminal en Michoacán no sólo no se resolvió, sino que grupos como el cártel de la Familia Michoacana se fraccionaron y diversificaron su radio de actividad e influencia. Políticamente, la entidad se volvió tierra de nadie, con panistas, priístas y perredistas cruzando acusaciones sin ton ni son.

El Michoacanazo es probablemente el más claro ejemplo de la desastrosa estrategia de combate al crimen organizado emprendida por el gobierno calderonista, que le costó al país la muerte de casi 100 mil ciudadanos, y un severo desgaste en la imagen del Ejército y las corporaciones policiacas federales, que desde entonces han sido sometidas a todo tipo de infructuosas mutaciones e inútiles cambios de nomenclatura.

Guardadas las proporciones, en este 2019 vemos otro ejemplo de cómo una acción de gobierno que va exclusivamente dedicada a generar el impacto en la opinión pública termina siendo rebasada por la controversia, a pesar de que sus buenos propósitos pudieran ser incuestionables.

Hay que reconocerlo: el Presidente Andrés Manuel López Obrador puso el dedo en la llaga al emprender la intervención militar en instalaciones estratégicas de Petróleos Mexicanos para poner freno al escandaloso robo de combustibles operado bajo una evidente cadena de complicidades dentro y fuera de la paraestatal.

Sin embargo, fue evidente que López Obrador asestó este golpe espectacular en un momento clave. El escándalo postelectoral y la tragedia acaecida en Puebla con la muerte de la gobernadora electa y su esposo amenazaba con salirse de control debido a evidentes errores retóricos del mandatario. De golpe, AMLO mandó el episodio poblano a un segundo término en la atención de la opinión pública nacional y la expectativa ahora se centra ya ni siquiera en los alcances del “Huachicolazo”, sino en la crisis generada a partir de la decisión central de suspender el suministro del combustible por ductos y reemplazarlo con pipas por vía terrestre. Las molestias y quejas de los usuarios, desde la óptica oficial, son equiparables a las “bajas colaterales” del calderonismo con su torpe estrategia de combate al crimen.

Concediendo el beneficio de la duda al Presidente López Obrador, se espera que el suministro de la gasolina se estabilice en los próximos días. Entonces comenzará otra parte complicada de la estrategia: sus consecuencias jurídicas.

Porque hasta el momento sólo se ofrecen migajas para mantener la expectativa en la opinión pública: cinco funcionarios de medio pelo destituidos y sometidos a proceso; que si se encontraron tramos kilométricos de manguera en una refinería; que si se prohíbe el uso de celulares a los trabajadores petroleros en campo… sólo pequeños trozos de carne para alimentar el morbo mediático.

La retórica del Presidente está generando una expectativa demasiado alta. Sus seguidores han emprendido una encendida defensa de su causa, implicando a funcionarios, dirigentes y hasta gobernadores de ser cómplices, protectores o incluso beneficiarios del “huachicoleo”. Y centran sus baterías en sus odiados enemigos del PRI y el PAN.

Esto lleva el asunto a un punto de no retorno: o el episodio concluye con la detención de auténticos “peces gordos”… o la credibilidad del Presidente podría sufrir su primer descalabro efectivo.

Es un hecho que como negocio paraestatal, durante décadas, Pemex ha sido un gran fracaso. No sólo por que ha sido utilizada como caja chica del gobierno y de los partidos en el poder. Lo es también por el hecho de haber sido incapaz de consolidarse como un eficaz abastecedor de un elemento fundamental para el engranaje de la economía nacional. México es un país petrolero, pero es incapaz de abastecer su mercado interno de combustibles.

Desde la época de Lázaro Cárdenas, los gobiernos nos han vendido la patraña de que Pemex “es un patrimonio de los mexicanos”, pero en términos reales, los mexicanos pagamos combustibles caros y sostenemos a una obesa burocracia que se ha enriquecido en base a la desordenada explotación de un recurso natural no renovable.

Y qué decir de su parte sindical, durante décadas, soporte fundamental de la dictadura priísta. Y para colmo, el actual dirigente sindical petrolero, Carlos Romero Deschamps no sólo se ha reelegido una vez más al frente del gremio, sino que en el colmo del cinismo, ha publicado desplegados para hacer patente “su respaldo” a la desordenada estrategia “anti- huachicoleo” del Presidente López Obrador. ¿Podría entenderse la ofensiva fortuna del jerarca petrolero sin actos de corrupción en su entorno?

Las siguientes semanas serán decisivas para conocer los alcances reales del “Huachicolazo” de López Obrador. Y no hay vuelta de hoja: o lo consolida como un mandatario que combate frontalmente a la corrupción, o se podría convertir en el primer gran fracaso de su sexenio.

Su iniciativa merece reconocimiento, pero al final del día, serán los resultados los que lo respalden.

Veremos y comentaremos.

Twitter: @miguelisidro

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